Si bien hemos tenido diferentes profesores en lo que va de nuestro humilde aprendizaje, todos han coincidido en lo mismo: para cantar mejor es necesario aprender primero a relajarse bien. No pretendo hacer aquí una exposición de las distintas técnicas que nos han enseñado, además, cada uno tendrá la propia o la que considera mejor, pero creo que es bueno saber el porqué de semejante importancia.
A muchos nos gusta cantar a toda hora, en todo momento, bajo la ducha, en la calle, con auriculares puestos o frente a un micrófono... Pero cuando queremos hacer las cosas bien, sonar bien y no lastimarnos nada, es que tenemos que prestar atención a estas cosas. Puede uno comenzar con luces bajas, música tranquila, con los ojos cerrados y con imágenes visuales, sentado, acostado en el piso o de pie, empezar a relajar todos los músculos del cuerpo. Si la concentración es la adecuada, sentiremos que vamos bien, que nos sentimos más flojos y podremos poner especial atención en las diarias contracturas de espalda y cuello que adquirimos gratuitamente en nuestros trabajos. La relajación del cuello y cara es más específica para ir encaminando todo el ejercicio hasta que las cuerdas vocales sean lo único que nos falta relajar.
Un punto importante es el divagar de la mente... que hay que evitar, por supuesto! y si notamos que se nos va por las ramas, volver a traerla velozmente al ejercicio de pensar en nada. Si no nos sale, bueno, otra buena opción es pensar en cada músculo que vamos relajando, en la postura que podemos ir corrigiendo o en la respiración, que puede ir haciéndose más profunda y lenta.
Como dije antes, cada uno tendrá su manera de lograrlo. Lo esencial es llegar a un punto en el cual nos demos cuenta de que estamos bien preparados para dejar todas nuestras otras tribulaciones a un costado y concentrarnos en el buen uso de la voz, que para eso estábamos estudiando... o no?
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